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Incesto, genocidio y parques temáticos

josef_fritzlSiempre tuvieron predicamento los parques temáticos. En el origen mismo de nuestra tradición literaria, una deliciosa muestra de humor judío narra las andanzas de Adán y Eva en el jardín del Edén, creación miniatura donde cabe suponer que no faltaba muestra alguna de los talentos de su creador, pues ni serpiente faltaba, hasta que éste decide expulsar a los desventurados de su propiedad por pretender hacer uso de su conciencia.

De la Divina Comedia de Dante al Parque Jurásico de Crichton, pasando por la Utopía de Tomás Moro, aburriría contar los artefactos literarios que han venido en explotar ese fantasma.

El siglo XX y su cortejo de religiones laicas quiso erigir sus parques temáticos: los gulags del padrecito Stalin y los campos de exterminio de Hitler gozan aún de enorme prestigio -ahí está, sin ir más lejos, el discutible éxito de Las Benévolas, novela mediocre donde las halla pero que satisfará sin duda el voyeurismo de aquéllos de sus lectores atraídos por la promesa de una visita turística por la segunda guerra mundial con estancia de varios días en el Holocausto-.

El siglo en curso se anuncia prometedor pero habrá que esperar a que fructifiquen la escasez del crudo y la carestía alimentaria para ver prosperar experimentos más excitantes que los políticamente correctos del H.·: Disney: entretanto, el amante de los parques temáticos se entretiene estos días con las instalaciones privadas de Josef Frizl, el jubilado austríaco que, sin más medios que usted y yo, supo sacarle provecho a su jubilación creando, en el propio sótano de su casa, un circo del horror poblado por los frutos del incesto con la hija que mantuvo sepultada. Los diarios, estos días, abundan en detalles sobre las ingeniosas instalaciones.

“Cultivemos nuestro jardín”, escribía el H.·. Voltaire, acaso desde el jardín de su finca suiza, que también debía tener, para los beatos de la época, algo de parque temático -sobre el tema “laberinto de la increencia con Minotauro filosófico”. Y eso parecemos hacer los masones, dedicados a esa “ecología de símbolos” sobre la que escribe Otaola.

Salvo que el jardín de Voltaire se extiende al mundo, y mal podemos cultivarlo a puerta cerrada. Algo habrá que hacer para abrir las puertas, HH.·. O habrá que preguntarse si la masonería trabaja realmente en beneficio de la Humanidad o se limita a procrear con sí misma en su propio parque temático.

Una respuesta to “Incesto, genocidio y parques temáticos”

  1. Suetonius dice:

    Siempre ha dicho HH:. que vendrá una gran crisis generada por el desabastecimiento general. Y como en todas las crisis buscaremos chivos expiatorios para encerrarlos en nuestros particulares “parques del horror”.

    En menor medida y como campo experimental, estamos viendo como la crisis del desplome del ladrillo español, esta generando una política de gratuito recorte de derechos sociales hacia los inmigrantes con endurecimientos legales y políticas de retorno. ¿Queremos evitar pagar el paro a aquellos que en su día trabajaron?. ¿Serán nuestros inmigrantes los chivos expiatorios de nuestra frustración económica?

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